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Una madre siempre sabe la verdad

Sé que, quizá, este título sea “políticamente incorrecto”, que habrá padres que se sientan menospreciados y que hay padres que también conocen la verdad sobre sus hij@s. Pero si de algo estoy segura es de que una madre, si puede mirar en el fondo de su corazón, siempre conoce la verdad acerca de su hij@. Sabe lo que siente, lo que desea, lo que es capaz de hacer y lo que le resulta más complicado, sus virtudes y también sus carencias.

Por eso, desde que nació nuestro centro, “jugamos” con la ventaja que te da saber que, a poco que pudiéramos escuchar con atención y con verdadero respeto a las madres, tendríamos la respuesta, tendríamos la confirmación de lo que les ocurre a sus hij@s, para los que vienen buscando un diagnóstico y también una esperanza.

Una madre puede no ser capaz de verbalizar determinadas circunstancias acerca de su hij@, por miedo y por ese afán que todas tenemos de protegerlos de las miradas y de los pensamientos ajenos. Pero os confieso que rara vez me equivoco después de la primera entrevista con ellas, cuando he visto sus caras, he leído en sus ojos y he escuchado -entre líneas a veces- sus respuestas. Rara vez me sorprendo cuando, unos días más tarde, recibo y evalúo las capacidades de sus hij@s.

Y, si lo pienso bien, es lógico que así sea. Somos mamíferos, ¿no?. Poseemos ese instinto que nos diferencia como tales y que nos conduce a conocer y satisfacer las necesidades de nuestras “crías”, antes de que ellos ni siquiera puedan expresarlas con palabras.

Como madre que soy, me he topado muchas veces con la incomprensión de profesores, médicos, terapeutas…Y nunca entendí que no dieran crédito a mis palabras con la excusa de que una madre siempre exagera y de que somos demasiado protectoras y tergiversamos las situaciones. No es verdad, somos madres, buscamos lo mejor para nuestros hijos y, si ellos no están bien, ponemos en marcha un motor con mucha más potencia de lo que jamás nadie podrá inventar, que nos impulsa a buscar soluciones.

Cuando una madre llega a nuestro centro, la escuchamos con el corazón, nos ponemos en su lugar procurando ver a través de sus ojos y sentir lo que ella siente, porque hay mucha soledad en el alma de una madre que tiene un hij@ con dificultades. Porque yo también he estado ahí sentada, en su silla. Y he buscado desesperadamente alguien que diera crédito a mis palabras y a mis sospechas. Porque no hay nada más profundo, más desinteresado y más sagrado que el amor de una madre.