Cuántas veces hemos oído hablar de ella y qué poco sabemos acerca de la manera de mejorarla. Ya la propia palabra nos dice mucho de su significado, que viene a ser la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Para mí, la autoestima es un concepto que se puede desglosar, como tantos otros, en tres aspectos, para analizarlos mejor:

  • Aspecto cognitivo: lo que pensamos de nosotros mismos, los pensamientos y las creencias acerca de nuestro aspecto físico, de nuestras aptitudes intelectuales, de nuestra personalidad…
  • Aspecto sensitivo: lo que sentimos hacia nosotros mismos, qué respuesta emocional sentimos cuando pensamos en nosotros y en nuestras cualidades, actuaciones…
  • Aspecto conductual: qué cosas somos capaces de hacer, cómo coordinamos nuestra intención y nuestra actuación.

Como todos podemos imaginar, la mejor autoestima es la que nos impulsa a actuar de una manera positiva y coherente. Es decir, la que, apoyada en unas pensamientos y sentimientos positivos, nos impulsa a actuar en la misma dirección en cada aspecto de nuestra vida que decidamos hacerlo.

Delimitar el concepto es un primer paso indispensable para mejorar nuestra autoestima. Pero, ¿qué podemos hacer de manera individual y colectiva?. Pues, teniendo en cuenta que un pensamiento o creencia provoca, de manera instantánea, emociones y sentimientos que influirán, de manera decisiva, en nuestros actos; creo que lo más factible sería “introducir” pensamientos y creencias adecuadas y positivas en nuestra mente.

Yo soy una partidaria absoluta de la reestructuración de “creencias negativas” en adolescentes y adultos y en la “instalación” de creencias positivas en nuestros hijos y/o alumnos, pero también en adultos. Se trata de un proceso relativamente sencillo, que pasa por buscar otra mirada y entender la mente humana de una manera mucho más compasiva y, creo, acertada.

Si educo a mis hijos de manera que sean conscientes de sus cualidades positivas, que no se sientan constantemente criticados, humillados e invalidados, estoy completamente segura de que, de mayores, aunque no les podamos evitar los momentos dolorosos que, sin duda, enfrentarán, les habremos preparado para traspasarlos con la confianza y la fuerza interior que te da creer en ti.

Saber que tienes, dentro de ti, todas las herramientas necesarias para convertir tu vida en un espacio confortable, amoroso y, por qué no decirlo, alegre y lleno de satisfacción, es la base donde instalar y alimentar una buena autoestima.

La reestructuración de creencias negativas en adolescentes y adultos, pasa por desmontarlas una a una, ya que suelen estar basadas en generalizaciones y en hechos y palabras que, alguna vez siendo niños, nos hicieron creer sobre nosotros.

El último paso, siempre, es la “instalación” de nuevas creencias, a base de afirmaciones positivas, a nuestra medida que, repetidas a diario, provocan un gran impacto en forma de nuevas redes neuronales; que nuestro sistema nervioso reforzará, provocando emociones y sensaciones a medida y dando lugar a actuaciones acorde con ellas.

Hagamos saber, a nuestros hijos y/o alumnos, que pueden confiar en ellos mismos. Y, sin duda, podrán. Trabajemos nuestras propias creencias, transformándolas en inspiradoras y potenciadoras

Porque, como dijo el gran poeta romano Virgilio,

Pueden porque creen que pueden