Este año, la vuelta al cole está llena de inseguridades e incertidumbres. Tenemos miedo. El personal docente y no docente de los centros, los familiares y, por supuesto, l@s niñ@s, l@s grandes protagonistas. Es posible que nuetr@s hij@s, no expresen verbalmente ese miedo, aunque habrá much@s que sí lo harán. Pero tod@s tienen miedo, mucho miedo.

Yo no sé si es segura esta vuelta al cole, no sé si las medidas son las correctas o no. No soy médica, ni enfermera, ni tampoco experta en pandemias, ni pertenezco a la clase política. No está en mis manos decidir qué hacer con l@s niñ@s respecto a los cuidados físicos frente al virus, a distancias de seguridad ni a mascarillas. Pero sí sé algo muy importante que podemos hacer para que no se resienta más la salud psicológica de nuestr@s hij@s.

Ell@s han sufrido ya meses de encerramiento, de distanciamiento, de escuchar conversaciones acerca de un virus muy contagioso, que ha provocado efectos devastadores en muchas personas y, en ocasiones, ha sido letal. Han visto la tele, los informativos que yo, llegado el momento, decidí dejar de ver, para preservar un poquito de serenidad y coherencia.

Y ese miedo lo llevan ya metido en el cuerpo, no culpo a los padres de ello. Hacemos lo que podemos lo mejor que podemos y, a veces, en circunstancias muy difíciles, como las vividas de marzo a junio.

Pero ell@s necesitan sentir que están protegidos, necesitan sentir la seguridad que les trasladen sus padres y madres. Porque un/a niñ@, ante la amenaza (y se sienten amenazad@s por este virus), buscan la seguridad en sus figuras de apego. Y, si ahí no la encuentran, comienzan sus problemas. Es así de fácil, o de difícil, como queramos verlo.

Podemos y debemos transmitirles confianza. Decirles que ya se han tomado medidas y que, respetando esas medidas, las cosas irán bien. Que nosotros confiamos en ell@s y que pueden estar tranquil@s. Que siempre estamos para tranquilizarl@s y para ayudarles a superar las dudas que se les planteen.

Que la vida es un riesgo, pero que es tan bonita, que merece ser vivida, a pesar de los riesgos. Que cuentan con nosotros, con sus padres y madres, para hablar de todo lo que necesiten. Que dejen el miedo fuera del cole y, si es posible, fuera de sus vidas. Que nosotros nos haremos cargo de él.

Las emociones de l@s niñ@s están absolutamente mediatizadas por las de sus figuras de apego, al menos hasta la adolescencia. Y entonces también, pero entran en juego otras figuras de apego, l@s amig@s y compañer@s.

Si podemos escucharles, ofrecerles explicaciones sencillas y tranquilas, hablar con ell@s de una manera serena y confiada, os aseguro que les estaremos ayudando mucho. Nos necesitan, pero nos necesitan como apoyo y como seguridad ante un momento de tanta incertidumbre. Hagamos un esfuerzo porque, les aseguro, valdrá la pena.