El coronavirus podemos vivirlo como una oportunidad…sí. Como una gran oportunidad. Démosle una vuelta a nuestra vida y permitámosno ver esta situación personal, con los niños en casa y con nosotros mismos encerrados, como un camino para buscar otra manera de enfocar la vida. Creamos, confiemos y demos un gran paso.

Os propongo una nueva forma. Porque parece que, estar tanto tiempo juntos, da miedo. Lo desconocido nos conecta mucho con el miedo, pero sólo hay una manera de cambiar las cosas y se trata de ver los cambios como grandes oportunidades. Hay una parte de la vida que no podemos evitar, no podemos evitar lo que está ocurriendo fuera, no podemos hacer más que ser consecuentes y llevar a cabo los consejos de expertos que nos hablan de evitar más contagios, dentro de las posibilidades personales. En eso estamos todos de acuerdo, seguro.

Pero sí podemos hacer algo con nosotros mismos y, en consecuencia, con nuestros hijos. Detengamos nuestro pensamiento circular y hagamos algo positivo con ello. Tenemos que estar en casa, eso es una realidad. Los niños no van al colegio, cierto. Estamos más tiempo con ellos. Pues os propongo que les demos espacio, que los escuchemos más, pero sin prejuicios, sin interpretaciones antiguas. Escuchemos lo que dicen, miremos lo que hacen, pensemos qué necesitan de nosotros ahora.

Los niños sólo desean ser amados, especialmente por sus padres, sin ser juzgados. Quieren que los validemos, que los apoyemos, que nos centremos en sus virtudes y no en lo que nosotros consideramos sus defectos. Sí, es cierto, hay niños más “enfadicas” que otros, hay niños más “difíciles”, más demandantes, más ruidosos y más inquietos. Algo están queriendo decirnos con su comportamiento, estemos atentos.

Yo os propongo que juguéis con vuestros hijos, que os pongáis a su altura y, desde ahí, leáis en sus ojos y en sus actitudes, lo que vienen a decirnos, a enseñarnos. ¿A qué quieren jugar nuestros hijos con nosotros?, ¿qué les encantaría que hiciéramos con ellos?.

Un niño que se enfada a menudo, que se queja mucho, que grita…quizá sea un niño con un pobre equilibrio, una pobre coordinación y también un niño hipersensible. Hay ejercicios que podemos hacer con ellos en casa, para tranquilizarlos y para mejorar su percepción (autopercepción y percepción a través de los sentidos).

Se trata de masajearlos (nosotros le llamamos ejercicio de tacto profundo), con cierta presión pero sin provocarles dolor, por todo el cuerpo. Podemos hacerlo a la vez que les recitamos una poesía infantil, de manera relajada. Se puede hacer con el niño tumbado en la cama, o en el sofá, o sentado si no quiere tumbarse, no importa. Pero este ejercicio, realizado a diario y con calma, ayuda a nuestros niños a tranquilizarse, a aumentar la percepción de su cuerpo y, por tanto, de ellos mismos.

Les ayuda, también, a mejorar la hipersensibilidad táctil y a ser conscientes de su posición en el espacio y de la posición de los demás y de las cosas que hay cerca de ellos, con respecto a ellos mismos. Mejora la percepción de las distancias y, por tanto, disminuye sus tropiezos y también sus caídas. Y, como ayuda a relajar el sistema nervioso central, estará menos enfadado, más tranquilo.

Aprovechemos el tiempo de manera positiva, para hacer algo positivo con ellos y por ellos. Cuidémosles con la mirada amorosa y la confianza en lo que están llamados a ser: adultos maravillosos y felices, que llenen de felicidad y de alegría este mundo, tan necesitado.