Ya sé que, este título, puede levantar suspicacias. Y que, normalmente, cuando se habla de altas capacidades y de superdotación, tendemos a pensar en niños con notas muy altas, con un gran éxito escolar y hasta con dotes de liderazgo. Y lo cierto es que también puede ocurrir.

En general, las personas con alta capacidad suelen ser muy creativas, tienen bastante curiosidad y les gusta aprender. Pero no necesariamente lo que enseñan en los colegios y, desde luego, no de la forma en que está estructurada la educación en nuestro país.

Por otra parte, suelen ser muy sensibles y tienden a ver las cosas de una manera diferente y original, que no cuadra con la enseñanza estandarizada. Es por eso que, en los colegios, se sienten extraños y, a menudo, incomprendidos.

Mi experiencia es que, una buena parte de los niños, adolescentes y adultos que llegan a nuestro centro con sospechas de déficit de atención, hiperactividad o cualquier otro trastorno que afecta al aprendizaje, poseen un cociente intelectual por encima de la media.

He estudiado mucho el tema y no creo equivocarme si digo que, estas dificultades aparecen como resultado de que, los niños con alta capacidad, no están siendo tratados, en nuestro sistema educativo y en nuestra sociedad, como necesitarían ser tratados.

Cuando una persona presenta una inteligencia por debajo de la media, suele ser detectada y existen protocolos de actuación para ellos. Y me parece perfecto e imprescindible. Pero es que, todo lo que se sale de la media, debe ser atendido. Los niños con alta capacidad también. Aunque, a menudo, son señalados como vagos, rebeldes, “preguntones”…

El siguiente paso suele ser que se desmotivan y dejan de atender en clase, de realizar preguntas y hasta de tener amigos. Porque, al no ser debidamente atendidos y respetados en su diferencia, el resto de los niños los encuentran extraños y comienza el tristemente famoso acoso escolar o bullying. De hecho, una buena parte de este colectivo, sufre bullying en su etapa escolar. Muy triste.

Una sociedad sana atiende y respeta la diferencia. Yo me pregunto por qué, un chico que despunta jugando al fútbol o tocando el piano, es atendido, respetado y hasta admirado. Mientras un niño que se interesa por el ajedrez, las matemáticas o la lectura, a menudo debe ocultarlo, porque despierta muchas suspicacias.

Espero que, en breve, cambie el sistema educativo y se centre en los niños, en cada uno de ellos. Esta forma de enseñar que se basa en lanzar datos a los niños, que estos los memoricen para devolverlos en un examen antes de olvidarlos para siempre y para dejar espacio para el siguiente bloque de información, está ya muy anticuado. Y la desmotivación y el fracaso escolar están llegando a dimensiones mayores de las que nuestros niños se merecen.

En todo caso, ya sabéis, dificultades de aprendizaje no suele tener relación con baja capacidad intelectual. A menudo, es justo al contrario. Pero, eso sí, hay que atenderlas.