El amor cura el alma y cura el cuerpo, el amor incondicional que no espera nada a cambio y que confía plenamente en la persona amada, que acepta sus virtudes igual que sus defectos, sin juzgar, agradecido de tener un maestr@ de vida.

Comenzamos septiembre y, con él, los exámenes, el nuevo curso, los horarios…la rutina. Y, como siempre es necesario hacer una reflexión para extraer la sabiduría que el curso pasado nos dejó, nosotros hemos descubierto que podemos resumirla en cuatro palabras:

SÓLO EL AMOR SANA.

Es el amor profundo a nuestro hij@ el que nos mueve a buscar ayuda, es el deseo de comprender sus dificultades para ofrecerles nuestro mejor apoyo. Y esto siempre comienza con la aceptación de ese ser que ha llegado al mundo a través de nosotros, pero que no es como nosotros habíamos pensado que sería. Es un ser distinto, con características y motivaciones propias, que no tienen por qué coincidir con las nuestras.

Yo soy madre y confieso que este primer paso no me resultó sencillo, es un acto de amor para el que, a veces, tenemos muchas resistencias inconscientes. Pero una vez que lo damos, no tiene vuelta atrás, porque provoca que ese amor incondicional y esa aceptación plena fluyan y el milagro sea posible.

Cuando buscamos ayuda para nuestro hij@ queremos encontrar un lugar donde comprendan nuestra preocupación, nuestra motivación como padres y la extraña sensación que nos provoca no ser “suficientes” para solventar los inconvenientes vitales de nuestros hij@s.

Por eso en Creha, antes de hablar escuchamos, con los oídos y con el corazón, sin juicios ni interpretaciones, confiamos en los padres, procuramos ponernos en su lugar y, desde ahí, entablar un diálogo que nos lleve al fondo de la cuestión.

Pero también observamos, escuchamos y hablamos a los niñ@s desde el corazón, como todos merecemos ser tratados…pero ellos más si cabe. Sus vidas están comenzando y sabemos que confiar en ellos les dará la posibilidad de que puedan confiar en sí mismos y en los demás. Para ello necesitan amor, confianza y respeto.

Como consideramos que la confianza y el respeto son productos del AMOR, así con mayúsculas, pues acabamos por donde empezamos: SÓLO EL AMOR SANA. Y, como el amor que llega a un niño siempre viaja de vuelta engrandecido, empezamos este nuevo curso fortalecidos, descansados y llenos de AMOR.