Beatriz Padovan, maestra Waldorf brasileña y creadora del método “Padovan” de Reorganización Neurofuncional, dice que

“quien sigue las enseñanzas de la madre naturaleza, tiene menos probabilidades de equivocarse”…

y yo estoy con ella, absolutamente.

En esta sociedad tan medicalizada y tan atenta a los más mínimos síntomas…pero tan alejada de la sabiduría ligada a la observación y a la intuición, el embarazo se rige por protocolos médicos, nada más. Y, aunque es cierto que resultan muy útiles las recomendaciones y algunas pruebas médicas que se han incorporado en las últimas décadas, no es menos cierto que las mujeres vivimos este proceso de visita médica en visita médica, cada vez más asustadas y cada vez menos seguras de nosotras mismas.

Yo soy madre y recuerdo mi embarazo como unos meses llenos de ilusión y de esperanza pero, también de miedo y de desconfianza en mis propias fuerzas. Hacemos lo que nos dicen los médicos, nuestras madres o las amigas que ya son madres…pero no nos detenemos a escucharnos a nosotras mismas, a dar pábulo a las señales que nuestro cuerpo nos envía. En mi caso, hacía demasiado tiempo que había dejado de hacer caso a mis sensaciones…como para tenerlas en cuenta.

El embarazo es un tiempo precioso, de creación y de espera, que las mujeres tenemos la enorme suerte de vivir en primera persona. Pero además, ese milagro de llevar otra vida dentro de nosotras mientras se prepara para sobrevivir fuera (con grandes cuidados durante un tiempo) es algo para lo que la naturaleza nos ha preparado. Necesitamos recuperar esa confianza, lo necesitamos por nosotras mismas, por el bien de nuestros hijos y por el futuro de nuestra especie.

Es cierto que, la incorporación de la mujer al mercado laboral, ha supuesto un cambio muy importante en nuestras vidas. Que, muchas veces, no tenemos todo el relax y el descanso que necesitamos en ese período de tiempo. Que las obligaciones del día a día son demasiadas y que vamos corriendo de casa al trabajo, sin pensar en las necesidades propias o de nuestro futuro bebé. Para que esto cambie, resulta fundamental que se produzca una transformación social, una mayor conciencia de la importancia de traer vida nueva a este mundo.

Mientras tanto, hay cosas que sí que podemos hacer, y en esas me voy a centrar. En primer lugar, antes de quedarnos embarazadas, deberíamos decidir (libremente, pero bien informadas), qué tipo de seguimiento deseamos recibir. Es decir, quién nos llevará el embarazo. Hoy en día, muchas mujeres empiezan a optar por un embarazo más personalizado. Y, siguiendo esta línea, ha llegado a España una nueva profesional, la “doula”, que ya existía en otros lugares de Europa, y cuya misión es acompañar a la mujer y servir de soporte emocional durante el embarazo y el parto. Algo -desde mi punto de vista- muy positivo, ya que están sometidas a importantes cambios físicos, psíquicos y hormonales, que afectan globalmente a la mujer.

También podemos elegir qué médico nos atenderá, dónde daremos a luz….en un hospital -y, en este caso qué hospital- o en casa. Las diferencias pueden llegar a ser muy importantes. Por otra parte, cada vez más hospitales tienen en cuenta factores fundamentales para la madre y para el hijo, durante el embarazo y el parto, como la cercanía y el cariño entre médico y enfermera con la madre. Pero, desde las características del lugar donde daremos a luz, la(s) persona(s) que acompañarán el momento, hasta la luz, el sonido, el olor o la postura de la madre para dar a luz influye -y mucho- en cómo se desarrollará el parto. Y en una mayor o menos estabilidad emocional de la madre durante ese tiempo.

Además, el parto es -evidentemente- un momento muy importante para el bebé, el momento de su llegada al mundo. Y ya sabeos que resulta decisivo para su futuro; pero durante muchos años sólo se pensó en salvar la vida del bebé y de la madre, algo prioritario, aunque no excluyente de otro tipo de cuidados. Por ejemplo, el contacto piel con piel madre/hijo. Las primeras horas de vida del bebé, si es posible, debería pasarlas siempre junto a su madre, oliéndola, escuchando los latidos de su corazón, su respiración…para que no sea tan traumático para el bebé. Es un momento sagrado y muy importante para establecer un vínculo profundo y duradero.

En fin, la futura mamá puede y debe informarse y decidir libremente la forma en que vivirá su embarazo y su parto, según sus prioridades y sus características personales. En pleno siglo XXI, no puede ni debe ser de otra forma. El futuro de nuestro hijo está en juego…y ya sabemos que muchas dificultades de aprendizaje vienen favorecidas por embarazos estresantes y por partos alejados de lo que la naturaleza había previsto.