Muchos padres preguntan por qué sus hijos con dificultades de aprendizaje suelen estar tan cansados al final del día. Y, durante el curso, van tachando en el calendario como si así pudieran acelerar la llegada del final de cada trimestre. Porque, para ellos, las semanas se hacen muy largas, los trimestres casi interminables y, el curso, más bien parece una escalada anual del Everest.

La explicación es sencilla:

ocurre que, cuando realizamos una actividad nueva, el gasto de energía (glucosa) que debe realizar el cerebro es mucho mayor que cuando realizamos una actividad en la que ya somos diestros.

Con un ejemplo sencillo las cosas se entienden mucho mejor: mientras aprendemos a conducir, cada minuto que estamos ante el volante circulando sin saber ni cómo por las calles de nuestra ciudad, se nos hace eterno, porque necesitamos prestar una atención muy intensa y, en nuestro cerebro, el gasto energético es muy grande. Podríamos verlo de una forma más gráfica si comprobamos todas las zonas de nuestro cerebro que, en ese momento, están trabajando activamente. Sin embargo, cuando ya somos unos diestros conductores, no necesitamos esa atención tan intensa. Es más, podemos conducir de una forma casi “automática”.

Algo muy parecido ocurre con los niños que presentan dificultades de aprendizaje.

Resulta que cualquier otro niño de su edad y curso escolar, una vez ha aprendido a leer o a escribir, automatiza de alguna manera estas actividades. Pero ellos no pueden automatizarlas, porque cada vez que se enfrentan a la lectura o a la escritura (también ocurre con operaciones matemáticas) es como si lo hicieran por primera vez. El resultado es que, cada día de trabajo escolar resulta para ellos un gran gasto de energía, un gran gasto de glucosa, que es la energía que emplea el cerebro.

Cuando conseguimos organizar adecuadamente el sistema nervioso central de estos niños, el aprendizaje resulta mucho más rápido y eficaz. Y, por tanto, el gasto energético que realizan se normaliza. El resultado es que su nivel de cansancio se equipara al de cualquier niño de su edad y curso escolar.