Ocurre que las conexiones neuronales necesarias para el aprendizaje no se han realizado de la forma correcta en su momento y que las vías neurológicas que se han creado no son los suficientemente eficaces. Necesitan gastar mucha más energía y mucho más tiempo para llegar a realizar las mismas funciones. Algunos niños ni siquiera pueden conseguir un estado de quietud imprescindible para acceder al aprendizaje (son los que hoy denominamos hiperactivos) o no llegan al grado de concentración necesario para ello (niños con déficit de atención).

Pero hoy sabemos que el cerebro puede volver a hacer nuevas vías neurológicas durante toda la vida, que podemos darle una segunda oportunidad a nuestros cerebros. Que podemos volver a aprender, de una manera más eficaz, lo que aprendimos mal en su momento.

Este hecho se denomina neuroplasticidad y demuestra que el cerebro puede desarrollar durante toda nuestra vida nuevas conexiones neuronales, eliminar otras y cambiar o modular la fortaleza de las ya existentes. En otras palabras, el cerebro tiene la capacidad de cambiarse a sí mismo a cualquier edad, llegando incluso a adaptarse a una situación determinada compensando el daño producido en una determinada zona y recuperando su función gracias a un cambio en otra zona diferente. El cerebro no es, por tanto, una estructura fija sino que, por el contrario, es maleable, plástico, y se modela a sí mismo en respuesta a unas condiciones determinadas o a la experiencia. Si quieres más información contacta con nosotros