Preguntas frecuentes

¿Por qué comete tantas faltas de ortografía?

Cuando un niño ha aprendido a leer y escribir con cierta soltura y, sin embargo, continúa cometiendo abundantes faltas de ortografía (por encima del nivel que le corresponde por edad) deberíamos hacerle una buena evaluación para valorar sus carencias.

Disortografía es el término que describe esta situación. Y, habitualmente, es un rasgo significativo de Dislexia que, en niños más pequeños, viene unido a dificultades en la lectura y en la comprensión lectora. Y, en niños más mayores, suele aparecer aislado, ya sin esas dificultades de lectura.

Un trabajo dirigido a organizar neurológicamente y a conseguir una buena lateralización de estos niños, será muy efectivo para solventar esta dificultad.

¿Por qué no se comunica bien con sus compañeros y está solo en el patio?

Una de las cosas que más hace sufrir a los padres es que su hijo no sea bien aceptado por sus compañeros de clase y que tenga dificultad para hacer amigos. Sin embargo, es algo que sucede a menudo.

Hay algunos niños que no poseen unas buenas habilidades sociales y que parecen no comprender bien los códigos para manejarse con soltura en sus relaciones con los demás. Muchos de ellos no comprenden bien las bromas ni los chistes y se sienten perdidos en un mundo que no consiguen manejar.

Para ellos, sólo existe la interpretación literal de lo que oyen o leen. Y pueden llegar a ser víctimas fáciles para las burlas de sus compañeros.

Son niños que presentan una cierta inmadurez neurológica y que necesitan una ayuda para superarla. Un programa de reorganización neurofuncional destinado a paliar estas consecuencias de la inmadurez, será muy efectivo para ellos, para que comiencen a comprender los códigos sociales y a manejarse con soltura entre sus compañeros de clase.

¿Por qué no copia bien de la pizarra?

Si nuestro hijo no copia bien de la pizarra podemos sospechar que no ve bien. Pero es posible que ya le hayamos revisado la vista en una visita al oftalmólogo, que nos ha dicho que ve perfectamente de lejos o, en caso contrario, le ha graduado la vista y le hemos puesto gafas.

Si aún así, el niño sigue sin ver bien la pizarra (que es la causa de que no copie bien), es posible que tenga un problema de acomodación. Es decir, que al cambiar el enfoque de cerca (el cuaderno) a lejos (la pizarra), necesite un tiempo extra para ver con la nitidez necesaria. Le ocurre a muchos niños y tiene solución.

En primer lugar, necesitará una evaluación, para determinar qué problema especifico tiene su hijo. Posteriormente, deberá trabajar sus carencias mediante unos ejercicios específicos para ello (destinados a inhibir determinados Reflejos Primitivos que probablemente tenga aún retenidos) y, si resulta necesario, una terapia visual.

La visión es más que ver un 100%, la visión nos permite comprender lo que vemos, ya que hace que nuestro cerebro y nuestros ojos estén interrelacionados. En cambio, la vista ocurre sólo en nuestros ojos, es uno más de nuestros cinco sentidos.

Nacemos con vista pero la visión se va aprendiendo, es decir, se va desarrollando desde el nacimiento, a través de las experiencias obtenidas durante el desarrollo neurológico, motor y sensorial.

Mi hijo no soporta los sitios con mucho ruido y a menudo se tapa los oídos

Un niño que no soporta los ruidos y al que parece que estos le agreden demasiado es un niño auditivamente hipersensible.

Cuando hablamos de audición, solemos pensar en personas que oyen menos de lo normal, pero no siempre es éste el problema. También hay niños que tienen una audición por encima de lo normal; que, por decirlo de alguna manera, oyen sonidos que para el resto del mundo resultan imperceptibles.

Se trata de una hiper-audición (que afecta a una buena parte de los niños con dificultades de aprendizaje), que interfiere constantemente en su vida y que, de alguna manera, les “agrede”.

Muchos de estos niños se tapan los oídos con el sonido de un secador de pelo, de un tren que pasa o de una batidora. Les horrorizan los fuegos artificiales, el sonido de los tambores o de un petardo. Y, en ocasiones, les impacta tanto que no pueden ir a un centro comercial ni a una fiesta de cumpleaños.

Lo curioso es que, muchos de estos niños, también preguntan “qué” constantemente cuando mantienen una conversación. Así que, tal vez hayamos pensado alguna vez que podrían padecer pérdida auditiva. Lo que realmente les ocurre es que esa hiper-audición les hace oír constantemente un ruido de fondo que interfiere con la conversación.

Hoy en día existen programas de Estimulación Auditiva que ayudan a solucionar este inconveniente y que consiguen equilibrar y normalizar la audición de nuestros hijos.

Mi hijo/a le dedica mucho tiempo al estudio, pero no obtiene buenos resultados

Cuando nuestro hijo no obtiene los resultados escolares equivalentes a su nivel de trabajo en casa diario, debemos pensar que necesita ayuda. Pero no siempre la ayuda que necesita es un refuerzo escolar o un profesor particular, aunque también sea necesario en algunos casos.

Este niño necesita que le ayuden a optimizar su trabajo diario, que el tiempo dedicado diariamente a las tareas escolares se reduzca y se asemeje al que emplean la mayoría de los niños de su edad. Porque quizá tenga problemas de lectura, de comprensión lectora, tal vez padezca un déficit de atención, o su vista no funcione de una manera óptima…

Lo primero que debemos hacer es determinar qué tipo de dificultad padece nuestro hijo, una buena evaluación aclarará nuestras dudas. Y, sobre la dificultad que padezca, buscar una solución que vaya al origen real, no sólo a los síntomas que manifiesta.

Muchos niños tienen problemas de procesamiento auditivo o visual, dificultades con las Matemáticas (cálculo o problemas), tal vez una disgrafía o disortografía….que interfieren profundamente en su aprendizaje. Pero debemos saber que todas estas dificultades tienen una solución, que siempre existe una posibilidad de trabajo y de mejora con nuestros hijos.

Mi hijo se distrae mucho

Es normal que un niño se distraiga porque los niños, por naturaleza, son dispersos y su período de atención es corto. Pero también es cierto que, con los años, deberían ir ampliando los períodos de atención que dedican a cada actividad. Es decir, deberían ir centrándose más en cada tarea.

Pero hay niños que olvidan todo, que no recuerdan los deberes de cada día, que olvidan los libros en clase, que pierden sus estuches, sus abrigos y sus cuadernos en el cole.

Les resulta muy difícil aprender, porque el aprendizaje necesita un mínimo de concentración y un tiempo. Así que suelen tener problemas escolares, van siempre sorteando baches en el colegio y en sus centros los tachan de vagos, distraídos y de tener pocas ganas de aprender.

En realidad, lo que les ocurre es que no están “preparados” para aprender, que no poseen la capacidad necesaria para concentrarse el tiempo suficiente. Y no se trata de un problema de capacidad intelectual ni de desgana. Es que, madurativamente, no han alcanzado el nivel de desarrollo suficiente y necesitan ayuda.

Existen ejercicios específicos que ayudan a estos niños a ir adquiriendo la capacidad para mantener la atención, cada vez más, en el tiempo. Son programas de ejercicios sencillos que, realizados de forma sistemática, ayudan a solucionar este problema.

¿Por qué mi hijo no puede estar quieto?

Muchos padres se han hecho esta pregunta alguna vez y muchos han podido ver los gestos de sorpresa en la cara de familiares y amigos, cuando han pasado una tarde cualquiera cerca de su hijo en casa, en un parque, en una fiesta de cumpleaños…

Es posible que incluso le hayan medicado. Pero la pregunta sigue ahí, sin respuesta: “Por qué mi hijo no puede estar quieto”.

Para responder esta pregunta hay que distinguir, en primer lugar, entre un movimiento normal en un niño y un movimiento, a todas luces, excesivo, descontrolado y –básicamente- ineficaz.

Un niño necesita moverse para ir madurando neurológicamente, porque es a través del movimiento como consigue ir creando vías neurológicas y alcanzar las capacidades necesarias en cada momento evolutivo de su vida.


Algunos niños no han realizado, durante los dos primeros años de su vida, los movimientos necesarios y en la secuencia correcta para que sus cerebros maduren tal y como el resto de los niños de su edad. Así que decimos que estos niños están inmaduros neurológicamente, que viene a ser como decir que sus cerebros no están correctamente organizados o que las vías neurológicas que han hecho no son lo suficientemente eficaces y eficientes.

Algunos de estos niños no han alcanzado la capacidad para permanecer quietos en determinados momentos del día y estar sentados en el colegio se les hace muy cuesta arriba. Tanto que son incapaces de atender y, por lo tanto, de aprender al ritmo del resto de los niños de su edad.

Desde que sabemos que el cerebro humano puede evolucionar y crear nuevas vías neurológicas a lo largo de toda la vida, existe una gran esperanza para estos niños. Porque esa desorganización neurológica puede cambiar, a través de un buen programa de ejercicios, y esos niños pueden dejar atrás esos movimientos descontrolados, alcanzando la madurez neurológica necesaria para ello.